Quiero Aprender

El poder de las acciones colectivas

‘You are the golden eternity
because there is no me and no you,
only one golden eternity.’
– Jack Kerouac

 

En este momento estoy en el sótano de ‘Another Country’, una pequeña librería en el barrio turco de Berlín, Kreuzberg. A mi alrededor hay una enorme y desordenada cantidad de libros y doce personas que nunca vi en mi vida. Por la mezcla de alemán e inglés que escuché al entrar asumo que somos varias nacionalidades las que estamos presentes. Me aferro a esa primera impresión para hacer mis suposiciones porque en este momento ya nadie está hablando y lo único que escucho son teclados y mi lápiz corriendo sobre las hojas de mi cuaderno. Aparentemente soy la única que hoy decidió ponerse el traje analógico, en la invitación no especificaban ningún dress code de redacción.

Vine a este lugar para escribir. La semana pasada una amiga de Berlín me recomendó Meetup, una app que sirve para (tal cual el nombre lo indica) encontrarse con otras personas y hacer cosas. Hay actividades para todos los gustos: charlas sobre emprendedorismo, reuniones de expatriados, encuentros entre feministas, tours por la ciudad. El Meetup que elegí yo hoy fue juntarme con desconocidos a escribir. Me gustó la idea, me anoté, pagué mi euro de admisión y me mandé.

Llegué cuando el sol ya había bajado y se estaba haciendo de noche. Apenas entré a la librería vi a quien supuse era la dueña muy compenetrada discutiendo al teléfono. La miré para anunciar mi llegada, pero al ver que ignoraba completamente mi presencia y vislumbrar unas escaleras de madera asumí que en esa dirección se encontraba mi destino, me autorecibí y bajé. En el sótano me encontré con varias personas sentadas enchufando sus laptops, así que entendí que estaba en el lugar indicado. Elegí una mesa de mármol, me senté y en eso estamos ahora.

Todas las sillas de la habitación son distintas: hay de madera, de cuero, de plástico, rojas, azules, negras, marrones. En los estantes, cientos de libros amontonados uno sobre otro. En el techo de ladrillo revestido se ven varias manchas de húmedad, y sobre ellas una red con lucecitas de navidad encendidas. Hay olor a humedad también, a humedad y libros viejos. No me molesta para nada, al contrario, le aporta sensorialidad al momento.

Los otros ocupantes de las sillas tienen veinti, treinti, cuarenti. Cincuenti, si se mantienen muy bien. Cada uno está abstraído de este lugar y completamente metido en su mundo mientras tipea su propio universo. ¿Estarán escribiendo cuentos? ¿Novelas? ¿Una carta para un amor, una tesis para la facultad, un descubrimiento científico? ¿Habrá alguno relatando el presente, como estoy haciendo yo? Sería interesante intercambiar perspectivas, llegado ese caso. Ver si está percibiendo este momento de una forma muy distinta a la mía.

Me gusta hacer cosas por primera vez, y puedo decir con certeza que nunca antes había hecho algo como esto. De hecho ahora que lo estoy viviendo me resulta extrañísimo que sea la primera vez, porque es una experiencia que ya debería haber llegado a mi vida orgánicamente dada la sintonía que tiene con la filosofía detrás de muchas de las actividades que elijo realizar a diario. Mi club de lectura, por ejemplo, está regido por el mismo principio: juntarse a hacer algo de a varios. Hay algo en el poder del colectivo, algo en el hecho de estar entre personas que impulsa a hacer y crear, o por lo menos en mi caso. No sé exactamente cuál es el origen de esa motivación, pero se siente como si la presencia de otras personas en sintonía hacedora me atrajeran hacia su órbita activa y me impulsaran a mantenerme en movimiento.

Desde chica y sin saberlo ya daba indicios de esta inclinación contradictoria por la introversión sociable: siempre me gustó juntarme con amigas a estar “cada una en la suya” sea dibujando, estudiando o haciendo la tarea, aunque ni siquiera tuviéramos clases en común. Creo que es la presencia de otro ser humano en paz y en silencio, la noción de que en mi misma galaxia y órbita hay otro planeta en forma de persona girando a su propio ritmo, la que me da ese misterioso empuje. Soy introvertida pero también soy sociable, y son ese espíritu ‘para adentro’ y esa naturaleza social los que me piden otras presencias similares alrededor mío,  simplemente haciendo y fluyendo.

Por otro lado, desde que estoy en Berlín me encuentro cada vez más seguido en situaciones propicias para dejar fluir la creatividad: leo, dibujo y escribo mucho más que en casa. Hay una realidad y es que el hecho de estar sola al otro lado del mundo a un océano de distancia de mis rutinas estimula mi predisposición creativa y mis ganas de hacer, pero no creo que sea necesario explotar todos los ahorros en un pasaje a Europa para generar ese estado. A veces sólo hace falta buscar la manera de salir un rato de uno mismo, patear la zona de confort y animarse a abrir el panorama a nuevas actividades con nuevos seres humanos que nos ayuden a desbloquear esas cosas que la línea de embalaje de nuestra cotidianidad no nos estaba dejando liberar. Es como cuando en un jueguito completás una misión y se te abre todo un área nueva por explorar en un mapa: esa es para mí la infinita importancia de sacudir nuestras bases todo el tiempo y atrevernos a expandirnos más allá de nuestros supuestos límites. Animarnos a nuevas experiencias con nuevas personas y once in a while blow our own damn minds, como dicen esos carteles inspiracionales de Pinterest.

Bajo un poco del frenesí catártico de la escritura y noto que me duele bastante la muñeca, creo que desde que terminé la facultad no escribo tanto tiempo a mano. Suelto el lápiz, me tomo unos minutos, miro a todas las personas que tengo escribiendo alrededor y suspiro de satisfacción. Me gusta la energía de este momento y me tranquiliza saber que en un mundo mayoritariamente dominado por la sed de poder, fama, violencia y titulares sensacionalistas somos al menos trece personas las que hoy elegimos sentarnos juntas en silencio por un par de horas para simplemente escribir, sin mucha más vuelta que eso. Estar y escribir.

Me agarran un poquito de ganas de llorar pero las reprimo, porque si las dejara salir toda esta gente que nunca me vio en su vida pensaría que estoy triste. Si me conocieran esta actividad perdería un poco la magia pero seguro sabrían que yo lagrimeo cuando estoy completa, cuando la belleza de la realidad me desborda, cuando encuentro un momentito en el planeta que me hace cantar el alma en mil colores. Lloro de emoción infinita cuando logro pispear aunque sea por una milésima de segundo la eternidad dorada y perfecta de la que hablaba Kerouac.

Nos avisan que terminó la sesión, guardamos nuestras cosas y vamos saliendo de a uno con la cabeza y el corazón unos milímetros más expandidos que antes de entrar. La misión del día, para mí, está más que cumplida.

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8 Comments

  • Reply
    Mariana
    12 abril, 2017 at 2:41 pm

    También me emociona la belleza de lo que está bien escrito (como este post), de lo pequeño (el pajarito con panza amarilla como el sweater que tengo puesto que acabo de seguir con la mirada durante casi 9 minutos, de un pequeño gesto de humanidad hacia un desconocido como el chico que agarró del brazo a la señora mayor para cruzar la calle sin que la atropelle alguno de los violentos que circulan en Rosario. Me pregunto si todos o muchos o algunos de los que estaban en ese sótano no habrán sentido ganas de lagrimear también y se reprimieron por lo mismo que vos. Qué hubiera pasado si todos al mismo tiempo lloraban y se veían llorar. Qué otro final hubiera tenido esta historia.
    Como sea, fue una linda historia, como todas las que exploran la escritura, la belleza y las pequeñas humanidades, gracias.

    • Reply
      Lali Bonomini
      26 julio, 2017 at 11:51 am

      Vi esto recién. Gracias a vos 🙂

  • Reply
    María Valdez
    12 abril, 2017 at 2:58 pm

    Estoy almorzando en un resto en Bs. As y me atrevo a sacar mi agenda y a copiar con mi lapicera como mantra , para tener presente : ” Animarse a abrir el panorama a nuevas actividades con nuevos seres humanos que nos ayuden a desbloquear esas cosas que la línea de embalaje de nuestra cotidianidad no nos esta dejando liberar” . Impecable Lali, viaje con vos. El otro día leyo mi mama la teoria de los clicks y le encanto y charlamos sobres sus cliks en sus relaciones y los mios jajja. Segui disfrutando del viaje!!! Gracias por compartir. Abrazo

    • Reply
      Lali Bonomini
      26 julio, 2017 at 11:51 am

      Adoro que hayan charlado sobre los clicks con tu mamá!!! Me hiciste el día jaja. Gracias 🙂

  • Reply
    melanie lopez
    13 abril, 2017 at 8:45 pm

    Leer este blog me hace bien al alma. La forma en que redactas las sensaciones y tu pasión por esa ciudad tan hermosa, me hacen viajar.
    No te das una idea lo reconfortante que es encontrar a alguien que le gusten los pequeños detalles. Parece trillado, si… pero últimamente no me cruzo con personas así, incluso los que me rodean no los notan. Estoy estudiando publicidad en la escuelita y la semana pasada me avisaron que hay un club de lectura, y estoy que exploto en una mezcla de ansiedad y ganas de salir corriendo a buscar el primer libro que digan. (desde chica quiero un club de lectura) nada te cuento ese dato totalmente irrelevante porque se que vas a uno y te gusta mucho.
    Gracias por compartir tu magia lali. saludos

    • Reply
      Lali Bonomini
      26 julio, 2017 at 11:52 am

      Gracias a vos. Ojalá cada vez seamos más los que miramos los pequeños detalles!

  • Reply
    kutral
    13 abril, 2017 at 11:54 pm

    Estuve ahí por un momento.

    • Reply
      Lali Bonomini
      26 julio, 2017 at 11:52 am

      Me reconforta mucho que así sea.

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