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desintoxicación digital (cómo el vino redujo mi abuso de celular)

Hace un tiempo me dispuse a cambiar mi paladar de niña y empezar a tomar vino en ocasiones especiales. Honestamente empecé a la fuerza, convengamos que la primera vez que probás un vino no te resulta la bebida más deliciosa del mundo (muy fuerte, muy espesa, muy rara). Para mí el vino es 100% un gusto adquirido, como lo es el mate o el fernet: muy probablemente no te guste la primera vez que lo tomes, pero algo en su mística te va a generar ganas de saber apreciarlo y decidir darle una segunda oportunidad. Y una tercera. Y una cuarta. Y de repente cuando te quieras dar cuenta, sin saber cómo ni cuándo, te vas a encontrar disfrutándolo.

Hay algo sofisticado en el vino, algo en su esencia que le aporta una cierta mística y magia extra a la situación que estás viviendo. No sé explicar exactamente por qué, pero toda la cultura vitícola plantea  un cierto espectro de upgrades para ciertas experiencias que resulta bastante intrigante, y es por eso que decidí darle una oportunidad. ‘Sumémosle una copa de vino a un momento lindo y veamos a dónde nos lleva’, era la premisa. Resultó llevarme a un lugar que no me esperaba pero ni a palos.

Hace unos días me junté con mi mejor amiga en casa a cenar. Le cociné unas verduras, compartimos una botella de vino y charlamos charlamos charlamos hasta tarde. A medida que avanzaba la noche noté cómo de manera paulatina el contenido de la botella disminuía inversamente proporcional al de la charla: a menor cantidad de vino en botella, mayor calidad de contenido en conversación. Me animaría a decir que da para tema de tesis doctoral este tópico prácticamente, pero no perdamos el foco Mabel te lo pido por favor querida concentrate en el hilo del relato. La cosa evolucionó más o menos así:

 

f

Anécdotas de la semana, cosas que vimos en internet, algún que otro chisme.

   m

Relaciones sentimentales, amistades, cosas que nos hacen sentir bien o mal

      e

¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Existen los aliens? ¿Por qué Sibarita es tan rica?

 

En ese estadío de conversación existencialista me topé con un montón de cosas interesantes que fueron facilitadas exclusivamente por el fluir argumental sin filtro que permitía el vino, entre ellas algo que me sorprendió muchísimo. Hablando de todo un poco llegamos a la conclusión de que a las dos nos estaba pasando lo mismo, algo que siempre me había dado vergüenza admitirme a mí misma (ni hablar a los demás) porque sentía que solo me pasaba a mí y que demostraba una debilidad de carácter inadmisible:

Me controla la tecnología.

Por fuerte que suene declararlo, así es. Me voy a dormir viendo la pantalla del teléfono como última imagen y absorbiéndola como primera cuando me despierto. Si me descuido puedo pasar horas scrolleando contenido intrascendente sin hacer otra cosa. Hay momentos en los que siento tanta intoxicación tecnológica que la percibo invadirme el cerebro, infectarlo, y cuando me paso de mambo con el teléfono siento la cabeza sucia, cansada, llena de cables, enchufada a una central cuyo único fin es alimentarse de mi energía y usarla para vaya uno a saber qué cosas.

Honestamente no me había animado a volver sobre mis pasos (o sobre mis dedos, en este caso) y evaluar lo que me estaba pasando. Sentía que no estaba del todo bien, pero me dejaba llevar por la corriente: la vida es así ahora, estamos en el 2016, ¿Demasiada pantalla? Puede ser, ni idea, no me molestes, estoy chusmeando el instagram de una modelo rusa que vive en Madagascar.

Bueno eu, momento, pongamos pausa:

Basta.

O sea…

BASTA.

En esa conversación nos dimos cuenta (con los ojos abiertos como platos y palabras saliendo a mil por hora de la boca) de que teníamos el mismo problema: nos estamos dejando consumir por la tecnología, incluso estamos dejando de hacer cosas lindas y nuestras por cederle demasiadas horas a la red. Estamos intoxicadas (porque es eso, una intoxicación lisa y llana) y permitiéndole a qué-se-yo-quién que nos convierta en zombies tarados que pasan la vida pasivamente mirando una pantalla.  Y que si bien hacemos un montón de cosas reales (la intoxicación no llegó tan lejos todavía pero QUIÉN SABE cuál es su límite si no la empezamos a controlar), pasamos demasiadas horas innecesarias en el sillón mirando lo que suben otras personas que, muy probablemente y aunque les cueste admitirlo, están en la misma situación que nosotras.

Me golpeó para bien ver que otro ser humano se sentía así de invadido por lo digital y me hizo despertar: no me interesa ser un zombie. Me gusta mi cerebro y planeo quedármelo, gracias, adiós.

Entonces la pregunta es ¿Y ahora qué hacemo?

El primer paso para solucionar un problema es aceptar que lo tenés, y por ridículo que suene yo lo tengo y lo admito: generé una dependencia muy fuerte con el celular. Usarlo está buenísimo, en mi caso es incluso una herramienta de trabajo, pero cada uno sabe cuándo esa relación objeto-persona deja de ser funcional y pasa a ser perjudicial. Cuando te encontrás dedicándole tiempo de más a ese aparato en lugar de estar haciendo otras cosas más lindas y productivas, y encima sintiéndote mal al respecto, claramente se convirtió en un issue a solucionar.

Vos leyendo esto sabés si estás o no en esta situación, pero por si un poco sentís que sí y sin embargo te está costando dar el pasito hacia la aceptación generé una serie de preguntas guía que te pueden ayudar a clarificar tu estado. Considero que si respondés que ‘sí’ a dos o más, sería bueno que empieces a prestarle atención a tu alarma interna:

-Chequeás el celular mientras estás mirando una serie o una película.

-Te genera ansiedad o incomodidad no tener tu celular al alcance de la mano.

-Sentís seguido el impulso de chequearlo, aunque no haya sonado o vibrado. A veces más de una vez en un mismo minuto.

-Lo último que mirás al irte a dormir es el teléfono.

-Lo primero que mirás apenas te levantás es el teléfono. Y no sólo la hora, las notificaciones y novedades también.

-Nunca apagás el teléfono.

-Has llegado a volver a tu casa al darte cuenta de que te habías olvidado el celular, aunque eso implique llegar tarde, aunque quizás no lo necesitaras seriamente.

-Te das cuenta de que te está afectando el uso excesivo, pero de todas formas no dejás de hacerlo. Ves tu malestar de manera pasiva, como un observador externo impotente ante la situación.

Yo, por ejemplo, respondí que sí a todas.

Extremo, ¿No?

Hay una frase de un tal Johann Hari que dice que ‘lo opuesto a adicción no es sobriedad, es conexión’. Considero que esta es una enorme verdad y una clave hacia la solución del problema: volver a conectarnos con la realidad. Dejar un poquitito el teléfono para volver a encontrarnos por nuestra esencia, la de verdad, la que no está codificada en ceros y unos.

A raíz de la revelación del vino decidí cambiar mis hábitos con el celular y empezar por atacarlo en el punto clave: la noche. Durante el día entre el laburo y las tareas cotidianas tampoco puedo abusar tanto del teléfono, pero a la noche puede llegar a ser terrible si me dejo estar. Entonces me dispuse poner un horario y apagarlo hasta el día siguiente. En principio, las 21 hs.

¡No les puedo explicar lo positivo que resultó ese cambiecito! Avancé con mis series, leí más, hasta hice algún que otro dibujo y practiqué lettering. Vi documentales, estoy durmiendo de 8 a 9 horas por noche, me permito salir a correr a la mañana y rindo muchísimo más a lo largo del día. ¿Desventajas? No hay. No pasa nada tan importante en internet que no pueda esperar a que lo lea el día siguiente. Nada, eh. Posta, me fijé.

Conté sobre este objetivo en twitter y a las semanas dos chicas que no conozco me comentaron por esa misma red social que estaban haciendo el ejercicio de dejar el teléfono a la noche y que su nivel de productividad y energía había aumentado notablemente. Estaban felices con lo que las había modificado energéticamente este cambio en apariencia tan chiquito, y a mí me sirvió como prueba de que evidentemente somos varios los que estamos en esta. Y estar acá no nos hace subnormales o enfermos, simplemente es un estado generalizado al que nos está llevando la sociedad y el cual está en nosotros poder parar. Aprender a disfrutar de las bondades de la tecnología con responsabilidad y moderación sin dejar que nos domine la vida. A usar nuestras cosas, que no es lo mismo que dejar que nos usen ellas a nosotros. En definitiva: a desconectar para reconectar.

 

¿Podemos hacerlo?

¡ Sí – po – de – mos !

 

 

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15 Comments

  • Reply
    Lau
    4 septiembre, 2016 at 9:12 pm

    Respondí que sí a 3. Capaz 4. Terminé de leer un poco shockeada… Voy a probar tu técnica! Gracias!!

    • Reply
      Lali Bonomini
      11 octubre, 2016 at 7:07 pm

      Perdón por el shock!! Pero a veces es necesario jajaja

  • Reply
    A.
    4 septiembre, 2016 at 9:24 pm

    Creo que al 68% de las personas les pasa eso, precisamente por eso de “es 2016 y la vida es así”. Me alegra mucho que estés ocupándote (gerundio: no es de burla-toca-llagas, pero no bajes la guardia porque las adicciones -no digo nada wow, ya lo sabrás- son cosa engañosa y su “superación” es, cuando no de todos los días, de largo camino). Yo no tengo esa adicción, realmente no uso tanto el celular (o sea sí, pero no comparado a lo que decís), y no obstante me di cuenta que me es más fácil leer una novela en el cel que en papel. Simplemente me distraigo menos. Tengo dos tesis: es por el tamaño de la hojita, la cantidad pequeña de renglones que habilita (aunque me fascinen, siempre me pusieron un poco nerviosa las hojas grandes de los libros grandes), pero también porque viene en formato pantalla, y lo que está en pantalla es fácil de digerir, es hoy en día el medio de consumición habitual de nuestros contenidos. Creo que es miti-miti -más el plus de la comodidad de llevar cientos de títulos, y de poder ir parada en el bondi leyendo re cómoda-, pero aún así no me pasa desapercibido y seria genial que no me sucediera (¡y eso que no lo uso para casi nada más al cel!)… pero bueno, dentro de todo leerme una novela, ¿no? Menuda nutrición para un medio con la posibilidad de tanta mierda. Cuando lo pienso hay ping-pong de valoraciones positivas y negativas de eso que me pasa. Bueno, nena correte del centro de escena qué nos importa tu vida: simplemente quería decir que, creo, en general nos anda pasando a casi todos eso. Menos, más, con el cel, con la laptop, la tablet. Nuestras vidas se transforman en muchísimos sentidos en formas buenísimas gracias a la tecnología, pero intentemos legislar su uso. En la sociedad de consumo, ahí donde uno no elige qué consumir y cómo consumirlo (y dónde y cuándo y muchos más circunstanciales), es consumido.
    Abrazo, Lali. Por no mirar pasivamente nuestras dolencias.

    • Reply
      Lali Bonomini
      11 octubre, 2016 at 7:09 pm

      Me encantó lo de no mirar pasivamente nuestras dolencias. 100% de acuerdo con vos!
      Y tu forma de uso del celular es un lujo, che, para leer! Así abusá sin culpa 🙂

  • Reply
    Caro
    5 septiembre, 2016 at 7:26 am

    Excelente Lali, valoro mucho que quieras compartirlo porque va a ayudar a muchas personas
    Aveces necesitamos que otra persona nos venga a contar un poco de nosotros mismos para poder reconocernos y cambiar. Gracias.

    • Reply
      Lali Bonomini
      11 octubre, 2016 at 7:09 pm

      Gracias a vos por decírmelo 🙂 Me alegra que te haya sido de ayuda.

  • Reply
    Euge
    5 septiembre, 2016 at 9:55 am

    Me siento 150% identificada con vos. Es un espanto el nivel de dependencia que nos generan estos aparatos del infierno, sobretodo en momentos cotidianos que podría disfrutar muchísimo más si no fuera por la presión auto-exigida de “ay, checkeá el cel a ver si te estás perdiendo de algo”. El famoso FOMO. Y lo peor es que es tal cual decís vos: no te estás perdiendo de nada importante, y si lo estás haciendo, ¡¿a quién le importa, mujer?! Da la casualidad de que salió una nota en la OHLALA de este mes hablando sobre el JOMO (Joy of missing out) y me dio mucha, mucha paz… además de traumarme porque me dí cuenta de que yo era una de esas enfermitas que quiere saberlo todo y conectarse con todos todo el tiempo. Pero ni siquiera es así, no me conecto con nada ni con nadie estando enchufada al celu todo el tiempo, ¡ni siquiera con Downton Abbey que es una de las series que más disfruto ver! Termino volviendo para atrás el capítulo porque me perdí la mitad, y me termino aburriendo. Justo, justo anoche dije “No, pendeja, dejás el celu en el living mientras mirás el capítulo ENTERO sin distracciones” ¡y no me aburrí ni un poco! No me resulta lo de apagarlo tan temprano porque mi novio vuelve de entrenar tarde y me gusta saber que llegó bien, pero sí voy a empezar a dejarlo en una habitación distinta a la que esté cuando haga cosas que me gustan: cuando veo series, cuando como con mi hermana, cuando me pongo a leer o dibujar, cuando estoy en el colegio con los chicos. Ojalá nos podamos ir deshaciendo de a poquito de estos aparatitos malhechores que invadieron todo, y volvamos a darles el lugar que se merecen: el fondo de la cartera, por cualquier cosa. We are all in this together, Wildcats!

    • Reply
      Lali Bonomini
      11 octubre, 2016 at 7:10 pm

      Me alivia un poco ver que somos tantos en la misma, aunque me alarma al mismo tiempo. Pero YES, WE CAN!

  • Reply
    Mile
    7 septiembre, 2016 at 12:18 pm

    Primero que nada, voy a confesar que descubrirte fue algo súper genial de este 2016. Me siento muy identificada en todo lo que compartís ya sea por algo que me sucede actualmente, que me pasó o como un lugar donde quiero estar en un futuro. Y lo digo de corazón eh, no te estoy endulzando la vista ni nada por el estilo (aunque bueno, un poco si). En este caso particular, ayer mismo me sentí totalmente asqueada de mi uso excesivo del celular. Hemos tenido varias discusiones familiares y con amigos por lo molesto que resulta estar hablando con otro y que ese otro este “escuchándote” mientras mira la pantalla del cel. Es abusivo el papel que le damos actualmente al aparatito. Es increíble como nos desconecta de la realidad, nos encierra en una burbuja toxica y adictiva que simula conexión, cuando en realidad solo nos aleja de lo que tenemos enfrente. Aunque si, tal vez esa conexión es real, nos une con aquello que esta lejos, que no nos es propio, etc. Pero el abuso esta ahí. Y como decís vos, luego sentís un malestar tremendo. Estos últimos dos días estuve con reposo y LAS HoRAS que use el celular me dejaron más en cama que la gripe. Voy a probar el método de las 21-off, después te cuento.

    • Reply
      Lali Bonomini
      11 octubre, 2016 at 7:11 pm

      Es totalmente abusivo el lugar que le damos, lo interrumpe todo, mal.
      Gracias por las lindas palabras 🙂 Y quiero saber cómo fue ese método!

  • Reply
    Constanza
    11 octubre, 2016 at 4:26 pm

    Hola, antes que todo déjame decir que ME ENCANTA tu blog. La forma en que escribes es genial y esta entrada es lo que esperaba leer. Me cuesta demasiado trabajo dejar mi celular de lado, él ya pasó a ser una extensión de mi cuerpo y una muy vital por cierto. A veces noto en mi mucho cansancio y sé que es por el abuso de la tecnología, pero aún así no hago nada al respecto. Cuando estoy con tiempo libre sé que puedo aprovecharlo para salir, conversar con amigos (los que me cuesta ver por el hecho de haber entrado a la vida de los adultos), aprender cosas nuevas, en fin… pero no, me quedo en el celular o en el computador haciendo scroll infinito.
    Voy a seguir tu consejo de apagar el celular a las 21 horas. Lo dejaré lejos de mi alcance y veré qué es lo que pasa. Me costará, lo más probable es que termine con el celular en mis manos a las 21:04 haha. Te cuento lo que pase!

    PD: Quería pedirte un favor enorme. Soy de Chile y me gustaría estudiar fotografía en Buenos Aires. ¿Me podrías aconsejar de lugares buenos que imparten la carrera de foto? (te dejé mi mail al comentar esta entrada)

    Abrazos!

    • Reply
      Lali Bonomini
      11 octubre, 2016 at 7:13 pm

      Muchísima suerte con eso! Después quiero saber cómo te fue. Al menos no te sientas sola, somos un montón pasando por lo mismo.
      Me alegra mucho que te guste mi blog ❤️ En cuanto a lo de fotografía, ahora te mando un mail. Besos!

  • Reply
    Cele
    27 diciembre, 2016 at 8:55 am

    Hola! llegué a este videito, no muy novedoso ya, pero corto y atractivo (bien en lenguaje millenial) sobre esto y lo comparto acá. Este tema me tiene sonsa, junto con el del stalkeo (para lo cual implementé un stalking jar, un frasquito donde voy poniendo monedas cada vez que caigo en ciertos perfiles, y al final del día hago 10 flexiones de brazos por moneda. Viene funcionando). Saludos!

    https://www.youtube.com/watch?v=_9ZDN6NpWIY

    • Reply
      Lali Bonomini
      2 enero, 2017 at 8:51 pm

      muy bueno, estoy totalmente de acuerdo con lo que dice. somos demasiados viviendo así, hay que parar! y en cuanto a vos, me encantó lo del stalking jar 🙂

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