Quiero Aprender

La teoría de los clicks

Toda relación empieza con uno y termina con otro.

Click

Click

Es un sonido similar al que hacen las biromes retráctiles al apretarles la parte de atrás.

Click

Click

Como cuando de chico tenías piojos (dale, todos tuvimos piojos) y los aplastabas con las uñas.

Click

Click

Como cuando en el colegio abrías los ganchitos de una carpeta

Click

Y los cerrabas

Click

Uno no es consciente de los clicks sino hasta después de haber pasado el primer par- el que abre y el que cierra- por primera vez en la vida. La primera vez que te enamorás el ruido a tu alrededor es tan fuerte (mensajitos, risas, mariposas, el primer ‘me hacés bien’, el primer ‘te extraño’, el primer ‘te amo’) que las chances de percibir ese sonido son prácticamente inexistentes. Cuando el amor se termina la desilusión resulta tan enorme que no escucharías ni un camión con doble acoplado estrellándose contra la puerta de tu habitación. ¿De qué click me estás hablando, Mabel?

Pero después crecés. Empezás a formar en tu cabeza una nueva idea de amor más realista, más adulta, una idea que tiene (o intenta tener) los pies sobre la tierra. Y al tenerlos ahí, contra el suelo, en contacto con las raíces y con los bichitos que corren por debajo, conectás. Escuchás. Esperás.

Conocés a alguien nuevo, te gusta, se divierten. No podés decir que estás enamorada porque no se parece tanto a eso que viviste la primera vez, pero lo que tienen es lindo y no lo querés perder. Te hace reír. Te hace sentir linda. Querés verlo bien. Te encontrás con ganas de compartirle las cosas más estúpidas, pasan mucho tiempo juntos, se cuentan cosas que nunca le contaron a nadie, se quedan dormidos dándose besitos en la nariz. Y un día, algo que dice o hace lo activa. El sonido te toma completamente desprevenida porque es nuevo para vos, no lo escuchaste nunca antes, pero algo lo hizo sonar y no hay forma de negarlo. El trigger puede ser cualquier cosa, por más chiquitita y estúpida que parezca. En mi caso una vez sentí el click cuando vi a mi entonces soon-to-be-novio agachado hablándole al primito… en ese momento me apoyé contra una mesada, se me puso la mente en blanco y dije ‘ok, definitivamente acabo de escuchar algo’.

Click

Ahí, justo ahí, ni antes ni después, en el exacto momento del click es cuando oficialmente te enamoraste. De ahí en adelante pasan un montón de cosas: conocés más al otro, compartís, hacés planes, te animás a ser dos. Si todo sale bien, el segundo click no viene nunca y siguen sus vidas juntos de la mano sosteniendo los ganchitos, manteniéndolos abiertos y peleando contra todo lo que venga para que no se cierren. Si algo falla, o si muchas cosas fallan, eventualmente llega. Venís sintiendo una incomodidad hace rato, algo raro en el ambiente, y de repente algo que dice, algo que hace, una mueca, algo en él te lo activa:

Click.

Y no hay vuelta atrás después de eso. Se cerraron los ganchitos y no se vuelven a abrir: si escuchaste el click ya está, se terminó, esa carpeta no sirve más. Podés seguir garabateando arriba de hojas escritas o tener la madurez para guardarla en una caja y salir a buscar una nueva, llena de páginas en blanco para pintar y posibilidades desconocidas por explorar.

Con los años me fui volviendo experta en escuchar mis clicks. Tampoco escuché tantos, pero me acuerdo de todos y cada uno con total detalle. Y cuanto más atención les presto, más distingo sus texturas, sabores, colores: cada primer click es único en su belleza y cada último click es único en su devastación.

Pero lo lindo (lo tan-lo-más-lindo-del-mundo) que es escuchar el primer click vale cien por ciento el riesgo de, eventualmente, algún día o en algún momento, tener la mala suerte de volver a escuchar el segundo.

 

(Y guardo todos mis clicks en cajitas bajo llave, como se guardan las cosas más preciosas de este Universo, porque sé que no hay dos iguales y que en este mundo tan enorme una no puede darse el lujo de andar perdiendo cosas tan especiales. Acumuladora hasta para eso.)

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2 Comments

  • Reply
    Val Bittersweet
    4 julio, 2016 at 5:05 am

    Genia. Por la simpleza. Minimalisticamente sutil [valga la redundancia]. La dosis perfecta de realismo, cuotita naif & despertar. Aplausos.

    • Reply
      Lali Bonomini
      5 julio, 2016 at 11:05 am

      Muchas gracias! Me encantó ‘realismo+cuotitanaif+despertar’ 🙂

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