Hacer

Menos chat, más mate

“Nos convertimos en espectadores de un montón de situaciones virtuales 
de todo tipo, pero ninguna de ellas nos crea una vivencia real y concreta. Ninguna marca. No sé si ninguna emoción,
 pero por ahí más un 
cliché de una emoción, 
más un emoticón que un sentimiento.”
Sin Cortinas: Conversaciones sobre el ser humano digital, Gastón Silberman

Hace unos días tuve una especie de epifanía tecnológica. Estaba en el living de mi casa con el celular en la mano llorando mientras por una situación puntual (perdone mi francés) mandaba a la mierda a mis amigas vía grupo de chat. En ese momento salí un segundo de mi cuerpo, me vi desde afuera y sentí un extrañamiento gigante. ¿Qué hacés discutiendo por teléfono? ¿Cómo podés comunicarle a gente que querés algo que evidentemente te afecta mucho a través de un medio tan poco humano? Volví a mi cuerpo, le dije a mis amigas que si querían que charlemos saben dónde encontrarme y borré el grupo de chat.

Al segundo me empezaron a llegar notificaciones. “Qué onda?!” “No estoy de acuerdo con lo que hiciste” “No da que te vayas así”, porque irse de un grupo de chat, sea Telegram, WhatsApp o cualquier servicio de mensajería, hoy pareciera ser el peor de los desplantes. Yo también lo sentí así muchas veces, eh, y eso amigos y amigas es culpa de todos nosotros. En mi epifanía descubrí con sorpresa y horror que le estaba dando una entidad enorme a mis grupos de chat, y que mis relaciones amistosas con el tiempo se habían empezado a poner demasiado cómodas en la practicidad del acceso rápido. Sí, claro que con mis grupos de amigos y amigas nos vemos en persona, pero siento que lo hacemos con mucha menos frecuencia que en la época pre-grupos de chat. Al hablar de todo, todos los días de mañana a noche, no quedan muchas cosas para improvisar en la vida real. En esto de no vernos tanto también influyen la cotidianidad, la rutina, la adultez y varios factores más, pero el problema puntual del chat, el cual para mí agrava su culpa en todo esto, es que genera una falsa sensación de cotidianidad y de cercanía. Quizás no nos vemos hace dos meses pero sin embargo yo me como la peli de que estamos re presentes. ¿Cómo no vamos a estarlo si hasta sé lo que desayunaste recién?

Internet está cambiando las reglas del juego en prácticamente todos los ámbitos de la vida. Las cosas no son lo que eran hace diez, veinte, treinta o hasta casi cincuenta años atrás cuando se estableció la primera conexión de computadoras en California. Nuestra rutina fue moldeándose a su alrededor, y ojo, eso en muchas situaciones está buenísimo: democratizó el acceso a la información, facilitó un montón de trámites y, como si todas sus bondades fueran poco, nos dio una barbaridad de memes y videos increíbles como mi favorito indiscutido El Papá de los Helados. Internet es grande, me da de comer (!) y bajo ningún punto de vista quiero que se interprete que estoy en su contra. ¿Quedó claro que amamos internet? Porque amamos internet. ¿Tamo? Seguimos, entonces.

Amamos internet porque nos facilita las cosas, pero justamente ahí radica parte del problema que vengo a plantear: no TODO en la vida tiene que ser necesariamente fácil. Las relaciones humanas son complejas, misteriosas, emocionantes, cómodas, incómodas, desafiantes. Están llenas de besos, de abrazos, de momentos espontáneos y silencios en confianza. A veces estamos teniendo un día de mierda, necesitamos un abrazo y en la vorágine de la rutina diaria en vez de pasar por lo de una amiga a tomar un mate y descargar, elegimos conformarnos con tirarnos en el sillón, agarrar el celular e intercambiar un par de palabras mediante impulsos eléctricos. Optamos, al menos ese día, por voluntariamente diluir un poquitito nuestra amistad en la tibieza del chat.

Casualmente (para mí no existen las casualidades y todo en este Universo está regido por un complejísimo sistema de causa-efecto incomprensible para la mente humana, pero) unos días después de mi (un poco desmedido) furioso rant vía Telegram encontré un PDF con un libro que tenía archivado sin leer hace alrededor de un año. Lo empecé a chusmear y me sentí absolutamente interpelada, y ahora van a entender por qué. El libro se llama “Sin Cortinas: Conversaciones sobre el ser humano digital” y fue escrito por Gastón Silberman en 2010, con la participación de Vivian Loew e ilustraciones de Pablo Bernasconi. Varios de sus extractos me afirmaron que mi epifanía no estaba tan errada, que hace al menos ocho años ya estaban instaurados estos problemas y que, por lo menos para mí, va llegando la hora de reconocer su existencia y hacer algo al respecto.

Gastón en su libro dice que “Nos acostumbramos a tener relaciones virtuales que creemos que se sustentan en el tiempo, cuando en realidad son muy frágiles y agotadoras porque no tienen contenido de vida real, de vida física.”. Y yo les pregunto: ¿Cuánta gente hay que aprecian, que no ven hace bocha pero que, gracias a las redes sociales y los chats, saben exactamente qué hizo esta semana y qué piensa sobre la política actual? A mí se me ocurren bastantes.

“Me parece que hoy hay una pérdida actoral muy importante. Perdimos el cuerpo. Es como si todos fuéramos actores en un mismo escenario, pero sin nadie actuando, porque somos todos espectadores. Porque el actor siente lo que actúa, genera un estímulo a partir de una acción, de estar discutiendo o besando a alguien. En cambio, en este escenario es como si nos estuviéramos abrazando todos desde la virtualidad, con lo cual nadie abraza a nadie. Hay un gran vacío porque nos transmitimos emociones que no son reales.” Dice Gastón. “Para las nuevas generaciones relacionarse virtualmente es un hábito, un modo de vida. Yo creo que para estas generaciones el silencio es un gran problema: Porque el silencio es vivido como un vacío. El silencio empieza a ser un ruido molesto al cual nos vamos desacostumbrando, porque es hueco, es ‘no tengo nada que decir o hacer’, y entonces lo remplazamos con el enorme aparato de la hiperconexión.”

No creo para nada que haya que erradicar las relaciones digitales, porque todos tenemos tiempos distintos y está bueno saber aprovechar ese canal para relacionarnos en determinados contextos y situaciones, pero sí me parece que deberíamos empezar a prestarle un poco más de atención al lugar que les damos en nuestra cotidianidad. A mantener esta versión digital de las relaciones siempre como complemento de las reales, que deberían ocupar el primer lugar con carnet de socio vitalicio. Si nos esforzamos por soltar un ratito la rutina y el celu, superar la paja crónica que conlleva el día laboral finalizado y salir a tomar unos mates con un amigo un martes a la tarde para charlar de nada y de todo, creo que podemos ofrecerle una contracara copada a la creciente tendencia de la digitalización de las relaciones.  Con mi grupo de amigas, por ejemplo, después del ataque de ese día nos juntamos a charlar en persona, expusimos cómo se sentía cada una y nos propusimos vernos más seguido: ver una peli en el sillón, salir a comer, cocinar, juntarnos a hacer nada o pegar una escapada como la vez que nos fuimos al Delta. Hoy, por ejemplo, nos juntamos a pedir delivery y ver Un Buen Día. Planazo.

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4 Comments

  • Reply
    Carolina
    29 enero, 2018 at 1:13 am

    Es un enorme placer leerte Lali, es preciosa tú manera de escribir. Gracias por compartir tus pensamientos. Mil y mil gracias! Saludos desde Colombia.

    • Reply
      Lali Bonomini
      18 marzo, 2018 at 5:46 pm

      oh. mil mil gracias a vos por leer y hacérmelo saber! saludos desde argentina 🙂

  • Reply
    María
    1 febrero, 2018 at 11:11 pm

    Muy bueno!!! Hacia mil que no pasaba a leer por acá y justo justo estaba planeando ver a mis amigas porque es una de mis metas 2018 , verlas más seguido. Ya estamos en febrero y no las pude ver en enero porque ninguna pueda y justo me tope con este texto , no es casualidad . Espero poder verlas y charlas sobre esto que esta pasando , hay que tomar cartas en el asunto!!! jajjja. Gracias por compartir !!! Beso.

    • Reply
      Lali Bonomini
      18 marzo, 2018 at 5:45 pm

      muchísimas gracias!! ojalá se organicen, es muy lindo volver a los vínculos físicos entre tanta virtualidad. beso enorme!!

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