Quiero Hacer

Pasé los veinticinco ¿Y ahora?

Siempre fui muy de festejar mis cumpleaños pero este año cumplí veinticinco y fue la primera vez en mi vida que sentí que no quería que llegara el doce de marzo. Mis amigas me tildaron de exagerada, la gente mayor de desconsiderada, y alguno que otro probablemente de tarada (rimaba, tenía que) pero yo de verdad padecía el saber que se acercaba mi cuarto de siglo, o peor aún, que ya terminaba de cumplir los veinticinco y empezaban a correr los veintiséis, o sea que estaría más cerca de los treinta que de los veinte… ¡Un espanto!

Tras mucho quejarme me puse a pensar en el por qué de esta mini fobia y me vino a la mente algo que llegó varias veces a mis oídos a lo largo de estos (¿cortos?) (¿largos?) veinticinco años de vida:

“A partir de los veinticinco ya es todo cuesta abajo”

“Cuando crecés dejás de sorprenderte”

“La vida cuando terminás la universidad se vuelve muy homogénea, el tiempo pasa volando”

“Aprovechá la vida de estudiante porque después vas a extrañarla”

“Los mejores años de la vida son los veinte”

¡¿Cómo no quieren que me espante?! Con esas advertencias me están dejando el cajón con el pozo ya cavado y la estaca para que yo me auto clave la estocada final. ¡Obvio que me voy a espantar, no me quiero morir ahora! Todavía no me tiré de un avión en paracaídas, todavía no conocí Islandia, todavía no viví en otro país, todavía no tuve un hijo… ¡Me falta hacer un millón de cosas! ¿Cómo me vas a decir que de acá en adelante es todo cuesta abajo, si mis pendientes quedan todos archi para arriba? Decirme que me estoy por estancar es como decirme que la vida se termina, y yo adentro mío siento que esto recién empieza.

Creo que este preconcepto de que a los veinticinco se acaba la novedad se debe a una especie de virus zombie que atrapó a muchas generaciones y para el que recién está encontrándose la cura ahora: el virus del conformismo. Hay mucha, muchísima gente que se conforma meramente con sobrevivir, que no busca una existencia plena sino simplemente pasar el día. Resulta lógico entonces que al cumplir con los milestones supuestos para una vida correcta (terminar el colegio, terminar la universidad, casarse, tener una casa y un hijo) el resto de la vida se convierta en una homogénea y tranquila espera hasta el inevitable final. Bueno, ahí es donde quiero parar la moto: antes de llegar a ese final yo la quiero romper. Pero romperla mal, quiero llegar a ese cajón con una sonrisa de oreja a oreja y que en la morgue digan ‘mierda esta piba sí que vivió’.

De todas estas reflexiones partió mi principal mandamiento de vida, el cual trato de aplicar todos los días y del cual desprendieron infinidad de ítems, algunos de los cuales serán listados tras citar al susodicho:

“Jamás serás una adulta estancada con una rutina aburrida.”

-Empezá esa carrera que siempre tuviste en el tintero

-Hacé una escapada espontánea a algún lugar

-Tomá clases de canto

-Aprendé a tocar un instrumento

-Enamorate

-Bailá sola

-Animate a nuevos horizontes laborales

-Soñá en voz alta

-Animate a decir que sí

-Tené la fortaleza para decir que no

-Leé

-Hacé manualidades

-Tratá de que no pase una semana en la que no hayas aprendido algo nuevo de este mundo, por más ínfimo que parezca el aprendizaje.

En definitiva no te duermas, mantenete alerta. No es fácil dar el salto pero una vez que lo das no hay vuelta atrás, estar despierto es lo más lindo que hay. Ahora del otro lado del charco puedo afirmar bien afirmado que es mentira que a los veinticinco la vida es un lago estático, de hecho creo que nunca antes fluyó con tanta fuerza. La vida se estanca cuando vos quieras que se estanque. Si me preguntás a mí, si la salud me acompaña planeo ser una vieja canchera tomando clases de surf con mis nietos. Ugiti ugiti ugiti.

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2 Comments

  • Reply
    Flor
    23 septiembre, 2015 at 5:52 pm

    Otra vez vuelvo a sentirme identificada con absolutamente todo lo que escribiste. Cumplí 25 el domingo pasado y, como dijiste vos, siempre fui de festejar mis cumpleaños y esperarlos con ansias, pero este año no tenia ganas de que llegue el 20 de septiembre. Tan así que terminé enfermandome (literal).
    Pero me puse a pensar la cantidad de cosas que quedan por delante para hacer (yo también me armo la listita de cosas pendientes) y me da mucha motivación eso. Aprender a tocar BIEN la guitarra es uno de mis pendientes que ya lo puedo empezar a tachar de la lista; empezar una nueva carrera también, despues de haber terminado otra carrera hace un cuatrimestre. Y cosas como estas, me hacen pensar re a futuro y saber que tengo UN MILLON de cosas nuevas para aprender y que nunca es tarde para absolutamente nada, es un camino que recién se esta empezando.
    Me pone contenta saber que hay gente que piensa igual que yo.
    Gracias por poner en palabras todo lo que me pasa a mi también. Y de este post tan lindo, me llevo tu principal mandamiento: Nunca estancarse en la rutina, tengas la edad que tengas 🙂

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    Val
    23 septiembre, 2015 at 11:17 pm

    Sos una capa Lali, tengo 19, me falta un poco para los 25 todavía pero es re genial todo lo que decís, porque a pesar de mi “corta” edad, al estudiar, trabajar, pasar no se cuanto tiempo en bondis, a veces la rutina absorbe y leer todo esto que listas es genial!! Me encanto lo de la abuela surfista, ojala nos crucemos en alguna playa, repletas de nietos, y unos bikinis muy cool. Un abrazo genia!

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