Quiero Aprender

Por qué está bueno aburrirse

Hace unas semanas vi una frase en internet que me hizo sentir mal, ahogada, asfixiada. Era un post común como los que vemos todos los días en todas las redes sociales, pero me pegó especialmente porque dio justo en el blanco, apuntando directo hacia uno de los agujeritos en mi personalidad que más me duele tener. El post decía lo siguiente:

¿Alguien recuerda cómo se sentía estar aburrido?

Leer esas siete palabras fue como sentir un rayo pegándome en el pecho. Porque no, la triste verdad es que no: no me acuerdo de cómo se hacía eso. Hace muchos, muchísimos años que perdí esa sensación. Y me parece que la extraño bastante.

No me había dado cuenta de lo mucho que me hacía falta recuperar el aburrimiento hasta que leí esa frase y algo se activó en mi. Me duele sentir que pierdo cosas valiosas en pos de la hiperconectividad y no es la primera ni la segunda ni la tercera vez que reflexiono sobre esto (de hecho ya lo hice en este mismo blog, también). Resulta evidente que el control de la tecnología sobre mi es uno de los puntos más débiles de mi personalidad y uno de los conceptos que más alarmas internas me enciende, así que de ninguna manera pasó desapercibida la frase. Me duele, así de dramático y extraño como suena. Me duele no aburrirme.

Si trato de verme a mi misma como un sistema, encuentro en él (en mi) un montón de vulnerabilidades que dejan agujeros. Esos agujeros van contra mi voluntad y dan lugar a que entren un montón de otras cosas externas a mi sistema, cosas que no me gustan. Y una de esas cosas que no me gustan en absoluto es haber perdido mi aburrimiento.

En la época en que vivimos estamos adiestrados para estar constantemente dándole estímulos a nuestro cerebro. Scroll, click, play, tweet, browse. Cuando nos empieza a picar el bichito del aburrimiento lo aplastamos en seguida con todo el ruido que podemos sin dejar lugar para nada más, lo cual me parece una verdadera pena y un desaprovechamiento de las enormes potencialidades que conlleva el sopor del embole. Porque la verdad es súper simple, aburrirse es permitir la apertura a un mundo de posibilidades internas. Sin ir mucho más lejos los mejores juegos que inventé de chica surgieron por estar aburrida: en esas tardes en lo de mi abuela después del colegio en el horario post almuerzo y previo a Chiquititas en que no había NADA para hacer más que mirar la pared, surgía todo. Pensaba, planeaba, creaba, divagaba, inventaba empanadas de cartón rellenas de sobras de sacapuntas y se las servía a mi abuela con un delantal de papel (hay fotos, posta). Si hubiera tenido una compu, una tablet, un celu tirándome notificaciones todo el día, esas tardes hubieran terminado diferentes. No sé si mejores o peores, pero mi abuela definitivamente no tendría la foto de su panadera de papel.

No quiero que con esto se me tome en absoluto por apocalíptica de la tecnología, todos los avances tecnológicos me parecen necesarios y útiles y maravillosos… siempre que sean bien usados. Lamentablemente la mayor parte del tiempo siento que en esa última parte estamos fallando fuerte, el estímulo constante, el acceso y ruido a toda hora y en todo momento no pueden ser sanos. Al menos para mí hay algo ahí que (valga la redundancia) hace bastante ruido.

Creo que necesitamos volver a permitirnos estar aburridos, volver a escucharnos analógicamente, para volver a reconectar. ¡Embolarse es importantísimo! Tener horas de silencio e inactividad inevitablemente hacen que uno tienda hacia la introspección y reflexione sobre las cosas que lo rodean. Que encuentre baches, cambios, oportunidades. Que invente cosas que no existen, que solucione problemas, que cree Universos, que cambie paradigmas. El celular va a seguir estando ahí si no lo chequeamos un ratito mientras andamos en tren y en cambio elegimos mirar por la ventana. ¿Quién sabe la cantidad de cosas que nos estamos perdiendo por no animarnos a aburrirnos? Estar aburridos nos lleva a pensar, a ser más creativos, más curiosos y a darle rienda suelta al subconsciente, que no suele salir a la luz en el medio del quilombo ocular que nos brinda la pantalla encendida 24/7. Animémonos al embole, ese es el mensaje en definitiva. Miremos la pared, analicemos el techo, resoplemos un poco, juguemos con el papel del caramelo que acabamos de comer. Aburrámonos más, y a lo mejor nos encontramos con que nos resulta divertidísimo.

 

(El último fin de semana largo me fui a un campo con amigos y apenas llegué descubrí que no había señal de celular. Al tercer día de pasto, sol, juegos de mesa y aire libre, sentada en una mesa mirando la tardecita, escuché a un amigo decirme ‘lali, estoy aburrido’ y fueron las palabras más lindas del mes. Uno de mis compromisos con el 2017 va a ser tratar de escucharlas más seguido.)

You Might Also Like

6 Comments

  • Reply
    Cele
    14 diciembre, 2016 at 1:37 am

    Uf, qué tema! Creo que hemos llegado a ser adictos a los estímulos. Por lo menos yo *mano levantada*
    Me acuerdo que antes estar aburrida era estar como “vacía”, eran como momentos vacíos que cuando los detectaba, buscaba algo con lo que llenarlo, y sí, tenía que ser creativa porque había que inventar un estímulo donde parecía que no había ninguno. Pero era tranca, normal.
    Ahora mismo te diría que es igual, salvo porque esos “vacíos” ni siquiera pueden llegar, Dios nos libre de llegar a sentir esos vacíos! Por las dudas hay que llenarse, llenarse y atragantarse como sea. Scrollear, googlear, whatsappear, likear, postear, comprar (encontrar algo que de pronto es imprescindible, ordenarlo online y esperarlo con ansias porque hasta que no llegue no podremos ser felices). No recuerdo que antes la posibilidad de “aburrirse” pudiera ser tan desesperante.

    Anyway, me hiciste dar ganas tremendas de unos días offline en el campo. Ahora hasta que no los tenga no podré ser feliz (? Genial la nota! beso!

    • Reply
      Lali Bonomini
      19 diciembre, 2016 at 8:04 pm

      Tal cual. Y con haberte dado ganas de unos días offline ya me siento realizada 🙂

  • Reply
    Daiana Alagastino
    14 diciembre, 2016 at 8:12 pm

    Me hiciste acordar cuando era chica, las cosas que hacía e inventaba al estar aburrida. Hace mucho tiempo no me siento así. Mientras leí me daba cuenta que está mal no permitirnos disfrutar de nosotros mismos y de nuestra imaginación. Dejarse llevar y aburrirnos más, éso es los qué nos hace falta. Gracias!

    • Reply
      Lali Bonomini
      19 diciembre, 2016 at 8:04 pm

      Está en nosotros despertarnos y dejar de ser zombies digitales. Yo todavía no lo logré!

  • Reply
    Chechu
    20 diciembre, 2016 at 10:21 pm

    Ufff un tema central en las charlas con Martin sobre la educación de nuestros hijos. “Dejemos que se aburra”. Al principio me parecía malísimo. Quería hacerle siempre programas, actividades…. y me di cuenta, con charlas y debates de pareja de por medio, que como padres esta buenísimo que le demos a nuestros hijos la posibilidad de aburrirse. Fuera tele, fuera tablet, fuera play, fuera programas con amigos todo el tiempo. Por eso ahora el “mamá estoy aburrido” me parece genial!
    En cuanto a mi… con laburo, hijos, casa, marido…. que poco tiempo me queda para aburrirme! Jajajajjaaa. Cuando tengo un rato para aburrirme me quedo dormidaaaaaaa

    • Reply
      Lali Bonomini
      22 diciembre, 2016 at 11:09 am

      Qué lindo que puedan verlo así, Chechu. Es re importante. Que se aburra, nomás!

    Leave a Reply