Quiero Aprender

We’re all mad here

Me considero una persona bastante sana en lo que a mi cerebro respecta: intento mantenerme activa intelectual y emocionalmente, siempre trato de sacarle el lado bueno a las cosas que me pasan y no creo hacer nada en la vida por maldad. No considero tener ninguna patología mental grave, y si bien hice terapia algunas veces para solucionar determinadas cosas siempre me terminaron largando rápido con algún ‘me parece que por ahora no me necesitás más’. Y pese a todas estas seguridades que tengo en cuanto a mi salud mental, muchas veces me siento presa de mi propia cabeza. No decido cuándo ni como, simplemente hay días en que mi cerebro se pone en loca, decide tomar las riendas del resto de mí y hacer cualquiera. Pero cuando digo cualquiera me refiero a cualquiera posta: puedo estar parada sobre la superficie más firme del mundo que mi cabeza va a ver una rajadura y flashear glaciar cayendo al agua. No es algo que pueda controlar, es algo que me pasa a veces: una discusión que escala un poco más allá, un comentario fuera de lugar, o la falta de un comentario venido al caso: cualquier cosa puede ser un trigger para arrancar la maquinita mental y dejarla sobrecalentar sin piedad.

Estos flasheos mentales se ven sobre todo en relaciones (porque, convengamos, es donde más vulnerables nos permitimos ser) pero pasan en cualquier ámbito de la vida: hay veces que las simples características pensantes inherentes a todo ser humano lo llevan a uno a ver las cosas con el prisma incorrecto. Y pasé muchos años de mi no tan extensa vida culpándome por eso, por el intenso martilleo que, cada tanto, me lleva a pensar las cosas torcidas. Ya lo dijo Green Day hace 16 años:

As I stepped to the edge

Beyond the shadow of a doubt

With my conscience beating

Like the pulse of a drum

That hammers on and on

Until I reach the break of day

Ese tambor del que hablaba Billie que nos invade de ruido y no nos deja pensar claro es el pensamiento excesivo, agotador e inútil que drena el alma cual dementor hambriento en Azkaban y que nos hace sentir que ‘Obvio que es mi culpa estar pensando así de mal, ¿De quién más va a ser si no? ¿No ves que está pasando en un lugar donde solo yo lo puedo ver?’

Bueno… tengo novedades: no es ni en pedo nuestra culpa. Si no me creés mirá:

“El pensamiento es una forma de proceso mediacional simbólico, con él construimos una representación del mundo externo con la que luego podemos operar de manera más efectiva y práctica. Nuestra representación simbólica de la realidad nunca es tan compleja como su contraparte “objetiva”, sino que en el proceso de recrear simbólicamente nuestro entorno el cerebro realiza una gran cantidad de transformaciones de la información de las cuales nosotros no tenemos consciencia alguna.” *

Somos seres humanos, y como tales somos dueños de algo tan enormemente increíble como insoportable: tenemos el cerebro con el sistema más complejo conocido hasta el día de hoy. ¿Te parece que vamos a saber controlarlo siempre voluntariamente como nos pinte? No podemos controlar lo que nos pasa, pero sí cómo actuamos sobre eso que no elegimos.

Una vez mi vieja tratando de enseñarme a meditar me dijo que cuando se me cruzan pensamientos durante una meditación, lo peor que puedo hacer es enojarme con ellos. ‘Tenés que mirarlos pasar, como si fueran una nube. Una vez que se van, agradecer que ya no están y volver a tu centro’.

Tardé bastante en hacer la conexión entre ese proceso y mi vida diaria, pero eventualmente logré unir los puntos: ese esfuerzo constante de salir de mi cabeza y ser testigo de lo que pasa ahí adentro con total cara de poker no se limita a la meditación, se extiende a todos los ámbitos de la vida. Observar cómo fluyen los pensamientos con total actitud de ‘ah si mirá vos contame más’ y dejarlos que vayan desapareciendo solos, sin apuro, de a poquito.

Y es dificilísimo ser testigo de tu propia cabeza, eh, porque el juicio está siempre ahí esperando para morderte la yugular. ‘Eso que estás flasheando está muy mal’ ‘¿Te das cuenta de que lo que estás pensando es ridículo, no? ‘¿Cómo te vas a sentir así, sos pelotuda?’ y así podés seguir horas y días y semanas castigándote por lo que pensaste o sentiste sin llegar a nada más que agotamiento emocional y ganas de arrancarte el cerebro con un tenedor.

Hay una frase que en realidad es budista pero que (vamo a sincerarno) hoy me trajo a la mente Pennsatucky en Orange is the new Black, que me parece que echa un poquito más de luz sobre el asunto:

‘El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional’

¿Vos pediste pensar lo que estás pensando? ¿Sentirte como te estás sintiendo? Si la respuesta es no, entonces no tiene sentido que te castigues por eso. Más claro echale agua purificada con Ivess (no es PNT pero bien podría serlo, Ivess, tirame un mensajito).

En mi caso el consejo meditativo de mi madre resultó ser una excelente solución: cuando me pasan estas cosas hago el ejercicio mental de salir de mi cabeza (literal lo pienso, me imagino una mini-yo bajando por mi oreja y sentándose en mis hombros) para mirarme desde afuera sin juzgar ni interferir en mi proceso mental. Simplemente observarme, transitar el pensamiento, y sentir cómo se va. No falla nunca, eventualmente siempre termina desapareciendo. Y si vuelve (porque muchas veces lo hace) repito otra vez lo mismo: lo miro en silencio hasta que se retira. Porque así como las cosas se sienten mucho más terribles cuando es de noche, y al otro día cuando sale el sol te decís a vos misma ‘ah, anoche estaba flasheando’, lo mismo sucede cuando dejás que pase la luna en tu cabeza. Cuando menos te lo esperás es de día, volvió a salir el sol y los malos pensamientos de la noche anterior te parecen mucho más chiquititos e insignificantes. Podés volver a guardar a tu mini-yo en su lugar: felicitaciones, por hoy recobraste tu perspectiva.

 

*Fuente: “Por qué pensamos”, Cetecic 

**La portada rompe un poco la estética del blog, pero buscando cómo ilustrar la nota me crucé con esta foto viejísima y me pareció que representa bastante bien el momento en el que sentimos el boom del maquineo intenso.

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6 Comments

  • Reply
    Mica
    5 julio, 2016 at 1:41 am

    Sos genia *clap clap* te sigo en instagram no sólo por las bellas fotos sino por lo que escribís. Tengo suerte y puedo venir a leerte acá también.
    Gracias por llevar a las palabras tantas cosas y hacerme dar cuenta que no tengo el único motorcito que se recalienta y funde más de una vez. Y ahí esta el mecánico mental subido a un hombro intentando arreglar todo

    • Reply
      Lali Bonomini
      5 julio, 2016 at 11:01 am

      Gracias a vos por tomarte el ratito de venir a decirme lo que pensás! Y no, no estás sola *high five de motorcitos defectuosos*

  • Reply
    Melanie
    5 julio, 2016 at 11:16 am

    ¡Me encantó! El año pasado hice un curso de PNL y Coaching que me ayudó a ampliar mi visión sobre la realidad y entender que “el mapa no es el territorio que representa”, es decir, mi realidad es una representación subjetiva que yo creo individualmente y que nunca coincide con la de los demás. Entender eso es clave para relacionarse con los demás y estar tranquilo uno mismo. También, como parte de esa premisa, aprendí a comprender que lo que yo pienso sobre un tema o hecho no necesariamente (o casi nunca, a decir verdad) es tal cual lo que está sucediendo. Yo creo que al final todo el bardo se genera porque estamos todo el tiempo buscando explicaciones y razones que encajen para quedarnos tranquilos (de vaya uno a saber qué cosa) en vez de soltar los pensamientos. So, go no, a poner en práctica el consejo meditativo de tu madre!

    • Reply
      Lali Bonomini
      5 julio, 2016 at 12:34 pm

      Es totalmente así, uno tiende a tratar de entender al que tiene en frente con su propia cabeza y es imposible, cada cerebro tiene mecanismos distintos y es una pérdida de energía tratar de entenderlos a todos. Aceptar y ya 🙂

  • Reply
    Jazmín
    7 julio, 2016 at 4:02 pm

    Este post me hizo lagrimear y me dio ánimos para una situación que tuve que atravesar. Gracias Lali, me encanta todo lo que haces, te sigo hace mucho, te veo crecer y me encanta. Anda por mas!

    • Reply
      Lali Bonomini
      7 julio, 2016 at 5:46 pm

      ¡Qué lindo que te haya dado ánimos! Es lo más lindo que me podrías haber dicho, porque es prácticamente la única razón por la cual escribo 🙂 ¡Gracias por las buenas energías!

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