Quiero Aprender

Victoria sobre el censor parte I

Saber tocar un instrumento siempre fue una cuenta pendiente en mi vida. Desde que tengo uso de razón fantaseo con que estoy en un escenario cantando o tocando algo, y que suena bien. A veces una guitarra, a veces una batería, a veces un bajo, el denominador común de la fantasía es que tengo pleno dominio sobre un instrumento musical y puedo expresarme a través de él. Que puedo hacer música.

Cuando se termina el momentum y vuelvo a la realidad me topo con la crudeza que imponen mis propios límites motrices y me digo a mi misma que con los niveles de torpeza que manejo el único instrumento que podría tocar es el triángulo. Y con supervisión de un adulto responsable.

Con frases tajantes me autocondené voluntariamente al no. Eso es algo a lo que Julia Cameron en “El Camino del Artista” llama el censor: ese dictador totalitario que vive adentro tuyo y te hace creer que no servís, y que ni lo intentes porque nunca vas a servir.

Muchas veces escuché a mi censor y le creí. ¿Vos no?

No sirvo.

No nací para esto.

No es lo mío.

Nunca voy a poder hacerlo.

Voy a hacer el ridículo.

La gente se va a reir de mi.

Nadie me va a tomar en serio.

Ese es tu censor. Ese duendecito jodido que quiere verte caer ante cada cosa que te gustaría probar. Sea tocar el banjo o escalar el Himalaya. No quiere que lo hagas. Le rompe las pelotas que lo intentes. Le irrita que hayas tenido el tupé de siquiera pensarlo.

Bueno, breaking news: podés hacer absolutamente lo que se te de la gana con tu vida.

si

Es realmente así de sencillo. Sea lo que sea. Tu mente va a tratar de hacerte creer que hay excusas válidas para no intentar algo (no debería gastar esa plata, no me sale, no nací para esto, es muy arriesgado, a mi familia no le gustaría, etcétera etcétera etcétera), ninguna de ellas importa. ¿Lo querés? Andá a buscarlo.

Eso me pasó a mí con aprender a tocar un instrumento. Lo quería. Realmente lo quería. Así que un día me harté de autoimponerme limitaciones y me compré un ukelele. Te puede parecer una pavada pero no sabés lo increíble que fue ese momento, fue un grito de liberación, un me importa un carajo que no sé tocarlo, me importa un carajo que la gente juzgue a los ukeleles, no me importa absolutamente nada, DAME MI UKELELE, ES MÍO. En seguida me puse a buscar tutoriales en youtube para aprender a usarlo y me encontré con un personaje zezeozo bastante fantástico que se hace llamar The Ukelele Teacher, que me enseñó el Ukelele 101.

Y vi sus videos.

Y practiqué.

Y efectivamente reafirmé que apesto, apesto big time. ¿Cómo no iba a hacerlo si nunca jamás en mi vida me di la oportunidad de aprender?

jakethedog

Así que seguí. Y seguí. Y ahora apesto, pero cada día un poco menos.

¿Disculpame censor, qué decías? I can’t hear you over the sound of my ukelele.

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3 Comments

  • Reply
    Gonzalo
    23 agosto, 2015 at 11:47 pm

    Si, si queres, podes. Saludos!

  • Reply
    Flor
    15 septiembre, 2015 at 8:59 pm

    Me identifiqué tanto pero TANTO con este post. Yo lo estoy intentando con la guitarra, y al principio me hiper frustraba y desde los 14 años que la abandono y la vuelvo a agarrar. Pero lo que dicen es muy la posta: la práctica hace al maestro. Así que yo go, girl!
    Cuaquiera de estos días, cuando quieras, nos juntamos a tocar (?

    • Reply
      Lali Bonomini
      21 septiembre, 2015 at 10:30 pm

      qué linda!!! no es una debilidad que la abandones y la vuelvas a agarrar constantemente, al contrario, demuestra persistencia y consistencia 🙂 dale duro a esos acordessssss

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